Hay despedidas que cuesta escribir. Porque no se trata solo de que un jugador se marche del equipo. Se trata de decir adiós —aunque solo sea físicamente— a alguien que ha sido el alma y el corazón de este conjunto, tanto dentro del 40×20 como fuera de la pista.
Michel Soledad no solo ha defendido nuestros colores con orgullo. Se ha dejado la piel en cada partido de la temporada pasada. Ha sido capaz de ponerse el equipo a sus espaldas cuando más lo necesitábamos y de convertirse en la prolongación del míster dentro de la pista. Letal desde el extremo en ataque, y un auténtico muro en defensa.
Cada gol, cada abrazo, cada lanzamiento… y esos ratos en los viajes que a veces no se ven desde fuera… Michel siempre ha estado allí. Y esos detalles se quedan grabados para siempre en nuestros corazones.
Sí, se marcha un jugador. Pero se queda la persona. El amigo. Y ese cántabro con un corazón que no le cabe en el pecho.
Hoy no decimos adiós. Solo diremos:
“Gràcies de tot cor, Michel. Fins aviat.”
El Handbol Mallorca siempre será tu casa.
